Ek’ Balam contó con escuela de pintores escribas

Diversos investigadores han sostenido que para finales del Clásico Temprano, en las llanuras de las Tierras Bajas mayas del Sur, se dio la llegada de escribas calígrafos a la esfera de la pintura. Ek’ Balam es una de las urbes donde quedó manifiesta esta dinámica, coinciden Leticia Vargas de la Peña y Víctor R. Castillo Borges, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así como el doctor Alfonso Lacadena García-Gallo, epigrafista especializado en la cultura maya.

“Al irrumpir en la escena de la pintura tradicional, los calígrafos ofrecieron su experiencia en el uso de la línea como elemento esencial de la representación, explotando la ausencia de color e incorporando el espacio vacío en las representaciones, de una manera nunca antes vista”.

A su vez, exploraron otras superficies: el convexo de la cerámica, y el plano de las piedras de las tapas de bóvedas y muros, haciéndolos más pequeños y parecidos a la superficie tradicional de los códices de corteza.

Leticia Vargas, Víctor Castillo y Alfonso Lacadena apuntan a la existencia en Ek’ Balam de dos tradiciones pictóricas simultáneas: la de pintura mural policroma y la de los pintores-escribas. Esta situación no fue exclusiva de Ek’ Balam, “en realidad refleja el desarrollo de un movimiento artístico fascinante originario de las Tierras Bajas Mayas del Sur en el Clásico Tardío”.

La escuela de pintores-escribas de Ek’ Balam alcanzó la maestría en apenas una generación. Por la repetición y la experimentación se logró la mejora en la ejecución. Bajo el patrocinio de sus gobernantes —concluyeron los especialistas— “floreció una excepcional corriente de creación artística en el sitio, la cual apenas estamos empezando a conocer y entender”.

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