Rescate Arqueológico Calle De San Felipe Nº 70, Col. Xoco, Delegación Benito Juárez. Expediente 2013-106

ollin-consejo-Maestra Berenice Flores Montes De Oca*

-Arqueólogo Alberto Mena Cruz*

El pasado 21 de julio del año en curso, se le notificó a la Dirección de Salvamento Arqueológico del hallazgo de restos óseos en la capilla de San Sebastián Mártir, ubicada en la calle de San Felipe N° 70 esquina con Real Mayorazgo, col. Xoco, Delegación Benito Juárez (Expediente 2013-106) (fig. 1).

1

Figura 1.- Ubicación de la capilla de San Sebastian Mártir, aproximadamente en 1985. Tomado de Cía. Mexicana de Aerofoto, propiedad de Fundación ICA.

Xoco es actualmente una comunidad de unos tres mil habitantes y aún conservan muchas de las costumbre de sus antepasados; la sociedad local gira en torno de la capilla de San Sebastian Mártir y las fiestas religiosas encabezadas por la mayordomía, una institución ancestral.

Con el paso de los años, el barrio de sólo ocho manzanas irregulares, se ha visto acotado por grandes avenidas, seccionado por nuevas construcciones y ocupado por instalaciones como la Cineteca Nacional, el Instituto Mexicano de la Radio (IMER), el edificio corporativo de Bancomer, la nueva construcción de la denominada “Ciudad Progresiva” y la Sociedad de Autores y Compositores de la Música (SACM).

Desde tiempos muy tempranos, esta región estuvo poblada y no perdió su densidad demográfica durante el periodo Clásico teotihuacano; para el Postclásico, Azcapotzalco se convirtió en una de las principales capitales regionales de la cuenca de México, junto a Coyoacán y Tlacopan, encabezó el llamado “señorío” de los tepaneca.

Con la conquista de Tenochtitlan y Tlatelolco, Hernán Cortés formó el primer Ayuntamiento en Coyoacán, convirtiéndose en el centro administrativo de los territorios conquistados, comenzando el avance militar y la evangelización de los indígenas.

“la dominación española sobre el centro de México, dejó prácticamente intacta la organización socio-política a nivel regional, las formas de administración de la encomienda, el corregimiento y la doctrina fueron simplemente superimpuestas a la ciudad-espacio indígena o altépetl”.[1]

Para el primer tercio del siglo XVI, los indígenas de esta zona quedaron sujetos al Corregimiento de Coyoacán; los poblados de San Agustín de las Cuevas (Tlalpan), Tenanitlan (San Ángel), Santo Domingo Mixcoac, San Pedro Quauhximalpan y Tacubaya (que años


[1] Horn, Rebeca. Coyoacán, aspectos de la organización sociopolítica y económica en el centro de México (1550-1650), Historias” en Revista de Estudios Históricos, INAH, México, 1993. pp. 55-87.

después quedó como cabecera independiente), fueron lugares de recreación con asiento de fincas veraniegas con huertos de los capitalinos novohispanos. El territorio de esta jurisdicción era grande, llegaba hasta más allá de Cuajimalpa y tenía sus límites en la Sierra de las Cruces, hasta el pueblo del Ajusco.

A través de los documentos históricos del siglo XVI, sabemos que Coyoacán contó cuando menos con 16 comunidades que reclamaba como sujetos, estaba divido en dos secciones mayores: la primera, con 14 barrios y la segunda, con 18, aunque varios de ellos parecen haber sido estancias localizadas lejos del centro de población.

La ciudad provincial de Coyoacán fue parcialmente derruida a principios del periodo colonial, fue encomendada y mercedada a Hernán Cortés como un premio por la conquista de Tenochtitlan y Tlatelolco y en su lugar, fue levantado un pueblo español, se desconocen los barrios que lo formaron en ese periodo, pero de acuerdo a las evidencias arqueológicas podemos asumir que los sitios de Santa Catarina, Ave María, San Francisco, San Mateo, La Conchita, San Lucas, San Diego Churubusco, Candelaria y Los Reyes, muy posiblemente fueron barrios que conformaron el territorio de Coyoacán durante la época prehispánica.

Con la llegada de las órdenes religiosas a Nueva España, el pueblo de Coyoacán fue elegido por los franciscanos para edificar centros cristianos; la costumbre, fue construirlos en el lugar donde existían los centros ceremoniales indígenas; en los adoratorios o teocallis, construían una ermita con una casa anexa sencilla para reposo de los frailes, como el fundado por Fray Juan de Zumárraga en el Templo de San Mateo, en el teocalli dedicado a Huitzilopochco (Churubusco)[1].

En el siglo XVIII se estableció la hacienda de Xoco, productora de trigo que suministraba pasto a los habitantes de San Andrés de la Noria y de San Pedro, para alimento del ganado. También se fabricaba vino y se alquilaban yuntas para la siembra del maíz y la cebada. En 1908, el pueblo pasó a ser barrio de Xoco, donde se cultivaba el maguey y proliferaban los expendios de pulque, uno de los más famosos era La Fuente Embriagadora (propiedad de don Gonzalo Herrera), ubicada en la calle Real del Pueblo, después llamada Calzada de Juárez y actualmente, Francisco Sosa.

La capilla de San Sebastián Martir (fig. 2 y 3), edificada en 1663, consta de una sola planta rectangular de muros de mampostería y tezontle, con techado de terrado y forro de tejamanil. Su fiesta patronal se realiza el 20 de enero y la fiesta grande o del Santo Jubileo, el 20 de abril.

Durante muchos años, era común que los muertos fueran sepultados dentro de las iglesias, detrás de los muros o debajo del suelo, apenas cubiertos con tablas de madera y casi al nivel de la superficie, lo que producía muy malos olores y espectáculos muy desagradables para los visitantes de templo. Sin embargo, una costumbre tan arraigada como ésa era muy difícil de suprimir entre la sociedad. A fines del siglo XVIII, el arzobispo de México, don Alonso Núñez de Haro y Peralta, manifestó la necesidad de que se dejaran de hacer sepulturas dentro de los templos para evitar contagios y enfermedades, y que de ahí en adelante, los difuntos debían ser enterrados en cementerios ubicados en lugares elevados, alejados de las casas y con buena ventilación. Con las reformas borbónicas de Carlos III, los Virreyes Revillagigedo e Iturrigaray promovieron la construcción de cementerios en las afueras de la ciudad y limitaron y/o suspendieron los entierros en las parroquias de la ciudad.

En el mes de diciembre de 2012, con motivo de la reconstrucción de la casa sacerdotal en el extremo norte de la capilla de San Sebastian Mártir, se realizaron sondeos arqueológicos (fig. 2), y vigilancias durante los trabajos de demolición y excavación de las cepas para el desplante de la nueva cimentación. Durante estas labores, no se afectaron evidencias arqueológicas o históricas que pusieran en riesgo en patrimonio cultural.


[2]Herrera, Laura. Una historia. México, Museo Nacional de las Intervenciones, Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, Ex convento de Churubusco, México, INAH. 1999.

2

Figura 2.- Pozo arqueológico, se observa el relleno actual en la primera capa

y la intrusión de raíces.

En la parte sur de la capilla de San Sebastian Mártir, se ubicaban unas construcciones modernas que fueron demolidas en el mes de junio del presente año, con el objetivo de construir un salón de usos múltiples, una bodega y baños, en un área de 50 m2. La obra contempló la excavación hasta una profundidad de 0.80 m para el desplante de la cimentación; fue durante la labor de mejoramiento y compactación del terreno que, de manera fortuita, se detectó una fosa mortuoria, que en su interior contenía un entierro primario, indirecto, en posición anatómica extendida y con orientación hacia el norte (fig. 3).

3

Figura 3.- Fosa mortuoria, con evidencias de un entierro primario, indirecto y en posición anatómica extendida.

La labor arqueológica consistió en realizar 7 sondeos de 2X1 mts, aprovechando que las calas  ya estaban en su nivel de desplante de cimentación.

Al haber bajado 0.20 mts, se detectaron un toral de cinco fosas mortuorias, elaboradas con tabiques de 0.28×0.14×0.06 0.28×0.14×0.03 mts., colocados “a hueso” ya que no se localizó evidencias de algún cementante:

Las dimensiones de estas fosas fueron de 1.68×0.57×0.43 mts y lo que corresponde a sus tapas, estuvieron formadas por lajas de tabique de 0.43×0.43×0.06 mts, colocadas a manera de techo de “dos aguas” (figs 4 y 5).

4

Figura 4.- Fosa mortuoria Nº 3; se observa el techo de “dos aguas”.

5

Figura 5.- Fosa mortuoria Nº 4; se observa el techo de “dos aguas”.

Comentarios finales

  • Las evidencias recuperadas indican que el panteón moderno no intruyó contextos prehispánicos o coloniales; aunque la profundidad de desplante de las fosas fue de 1.70 mts, no se detectaron pasillos en los perfiles que indicaran que las fosas estuvieron exhibidas para realizar visitas, es decir, una vez que eran construidas, se depositaba en su interior al individuo, se colocaba el techo de “dos aguas” y se enterraban.
  • En la capilla y en el actual panteón de Xoco, no se cuenta con documentos que indiquen los nombres o procedencia de las personas depositadas en esta zona.
  •  A partir de la foto aérea consultada para esta demarcación, algunas noticias y tradición oral locales, así como de los materiales constructivos empleados en las fosas mortuorias, consideramos que la ceremonia de inhumación de enterramientos localizados, corresponden aproximadamente a la década de los años 30 del siglo pasado.

El significado de la muerte ha sido una preocupación constante a través de la historia de la humanidad. El hombre ha querido perpetuar la memoria de sus seres queridos por medio de diferentes ritos y ceremonias luctuosas, así como con la creación de monumentos y diversos espacios conmemorativos, los cuales, han dependido de la situación religiosa, económica, social y política de las personas.

Con la modernidad, los cementerios tradicionales han tendido a desaparecer o a transformarse y aunque otras edificaciones ocupen el mismo lugar, debido a la falta de datos históricos y registros, perderán sus antiguos valores, por ello es importante conservar los testimonios más completos que nos quedan ya que son parte fundamental de nuestra cultura.

Para evitar esta gran pérdida, debemos conocerlos y apreciarlos en toda su dimensión por medio de investigaciones que permitan valorarlos, reconociendo sus cualidades históricas, arquitectónicas, artísticas, urbanísticas, iconográficas y en general, patrimoniales y por supuesto difundir ese conocimiento de diferentes maneras ya que son espacios que contienen bienes materiales que llevan intrínsecos valores inmateriales vinculados con la cultura, las costumbres y las tradiciones.

Los cementerios y los monumentos funerarios son testimonios invaluables que representan importantes fuentes de conocimiento sobre el pasado de las diferentes sociedades.

Un aspecto de suma importancia sobre el hallazgo en esta zona de enterramientos humanos de la época moderna, ha sido la arquitectura funeraria, que consistió en la elaboración de fosas mortuorias elaboradas con tabiques rojos colocados “a hueso”, cubiertas por lajas del mismo material, colocadas en forma de techo de “dos aguas”, característica única que hasta ahora, no ha sido reportada para los enterramientos localizados en los interiores de las iglesias de la Ciudad de México.

Aunque una posible remoción y reubicación de los restos óseos detectados en la capilla de San Sebastian Mártir no son competencia de esta Dirección, estimamos que al no haber riesgo de afectación a estas construcciones mortuorias, sería conveniente que:

  • Bajo la supervisión del Instituto Nacional Antropología e Historia, la compañía encargada de la obras en esta zona, cubriera adecuadamente el área de enterramientos, de esta manera, se preservaría parte de la historia de la que no se tenía conocimiento, protegiendo así la identidad y patrimonio cultural de la actual capilla de San Sebastian Mártir, herencia de la Colonia Xoco.

*Investigadores de la Dirección de Salvamento Arqueológico. Correo electrónico: albmen@hotmail.com

Los comentarios están cerrados.